"Esculpir en tu alma la imagen sublime que Dios concibió al formarte es la noble labor a que damos el nombre de autoeducación. Este trabajo tiene que hacerlo cada una por sí misma, y nadie puede cumplirlo en su lugar. Otras podrán darte consejos, podrán indicarte el camino recto; pero, en definitiva, tú has de ser quien sientas el deseo de formar en ti la noble imagen que Dios ha escondido en tu alma. Has de ser tú quien desees ser noble, serena, limpia de alma.Has de conocer cómo es tu alma, cuáles son las hierbas malas en ella, qué es lo que le falta. Has de poner mano en la educación de tu alma, sabiendo que el éxito ha de obtenerse a costa de muchos esfuerzos, abnegaciones y victorias alcanzadas sobre ti misma. Has de negarte a menudo cosas deleitosas; has de hacer muchas veces lo que no te apetece y séllar tus labios y erguir tu frente cuando notes que alguna de tus buenas intenciones, una y otra vez, se ve frustrada.
Tu cárácter, el curso de toda tu vida, depende de estos trabajos pequeños. «Siembra un pensamiento y segarás el deseo; siembra un deseo y recogerás la acción; siembra la acción y recogerás la costumbre ; siembra el carácter y tendrás por mies tu propia suerte.» De pequeños pensamientos y acciones va entretejiéndose la suerte de tu vida. «En todas las horas de tu vida vuelve tu mirada con respeto y amor hacia la virtud, no pierdas jamás la ocasión de hacer una, obra buena, y si esta obra estuviese en pugna algunas veces con tu provecho y deseo momentáneos, acostumbra tu voluntad a vencerlos...así alcanzarás un carácter con que puedas algún día hacer algo grande, trabajar para tu época y para el porvenir y lograr que tu nombre se pronuncie en vuelto en respeto y amor.» (Kolosey)
 
Pero la mujer ha de educar su voluntad para que se compenetre con la voluntad, de Dios. Altísima escuela de carácter, la más sublime que puede haber, es la que nos hace exclamar con sentimiento sincero: «Señor, no se haga mi voluntad, sino la tuya». Hemos logrado la más valiosa autoeducación si tras nuestras acciones, nuestras palabras, nuestros pensamientos, formulamos la pregunta: «Señor, ¿ha sido de veras tu voluntad lo que he hecho, lo que he dicho? ¿También lo querías tú de esta manera? Y esta educación de carácter has de empezarla, hija mía, ya ahora. En la edad madura sería tarde. El carácter no se forma en el vaivén de la vida. Al contrario, quien llega sin carácter firme al ajetreo del mundo pierde hasta lo poco que haya podido tener."
La Joven de Carácter, Monseñor Tihamer Thót