"Las muchachas que mas pronto tropiezan en el terreno de la moral son las que, frente a las exigencias de sus sentidos, no resisten y consienten en ser juguete de los deseos instintivos. Quiero llamarte la atención de un modo especial sobre este punto. Acostumbra tu cuerpo a un poco de abnegación. Renuncia de vez en cuando a cosas que serían muy agradables a tus sentidos y que tampoco son prohibidas.
No digo que a menudo, pero sí de vez en cuando, a manera de prueba, para ver si tu voluntad tiene firmeza, abstente de beber durante un cuarto de hora al llegar a casa muerta de sed, después de una excursión. Al llegar tus dulces favoritos en la comida, deja un trocito, y si algún plato sabe a quemado, cómelo sin proferir palabra. Si llegas de la escuela o trabajo con ganas de comer, no refunfuñes, no te quejes con tu madre de que no puedes esperar ni un momento la comida...Por mucho que los escaparates de las pastelerías azucen tu deseo y eches ya la mano al monedero, resiste alguna que otra vez (...).
Y si alguien te ofende, ¿sabes aplicar la venda fría de una contestación reposada a la fiebre ardiente de la cólera? Y si alguna noticia pugna por salir de tu boca, ¿sabes tenerla en secreto durante todo el día? Y después de comer, ¿eres capaz de conservar algunos bombones de chocolate y dejarlos intactos hasta la noche, por mucho que te arrastre la gula? Y si tienes una lectura interesantísima, ¿sabes cerrar el libro en el punto culminante y no reanudar la lectura hasta el día siguiente? ¿Sabes sentarte siempre derecha, aunque estés cansada?
Me objetas: estas cosas son fruslerías. Es verdad, lo son. Pero todas las cosas grandes se componen de fruslerías...Estas pequeñas victorias de todos los días aumentarán la confianza en tí misma, y así no retrocederás tan fácilmente ante las dificultades con que hayas de encontrarte en la vida. La joven que sale victoriosa del más difícil combate; la que se vence a sí misma sabrá triunfar también en las demás luchas de la vida. Y de esta decimos que es, una Joven de Carácter."
Pureza y Hermosura, Monseñor Tihamer Thót (páginas 166-168).
