"La robustez del cuerpo puede ayudar a tu alma, como también es, muchas veces, causa de caída moral la negligencia en el cuidado del cuerpo; por ejemplo, la suciedad en la propia persona, la cama excesivamente caliente o demasiado blanda, una alimentación exagerada, un sistema nervioso agotado.

Ama el deporte y cultívalo, cuando no sea peligroso para la salud y puedas ejercitarte con holgura. No estés sentada durante mucho tiempo, porque estroba la circulación de la sangre. Tu lema ha de ser: cansar mucho el cuerpo todos los días. Has de estar cansada cuando vayas a acostarte, y así podrás conciliar más facilmente el sueño. Ocasión de muchos pecados ha sido el estarse despierta en la cama sin poder conciliar el sueño.

En los ejercicios físicos, no busques, como fin principal, conseguir formas bellas y bien desarrolladas, menos todavía llegar a ser campeona y descollar sobre todas las demás, sino, ayudar al alma con el cuerpo; porque si el cuerpo está sanamente desarrollado, contribuye más eficazmente a la consecución de los nobles anhelos, que si es enfermizo, enclenque; y la que se ocupa hábilmente en sus quehaceres ordinarios, tiene menos que hacer con los deseos desordenados. El cuerpo joven, robusto, acostumbrado a privaciones, disciplinado , es un medio de defensa natural muy útil contra la desidia y relajación.

¡Ejercicio corporal, no para ser una amazona ni una campeona, sino para lograr que todo tu cuerpo obedezca a tu voluntad."
Fuente: Pureza y Hermosura, Monseñor Tihamer Thót (páginas 174-175)
